Algunos libros recientes (mayo 2020)

DIARIOS COMPLETOS (Ediciones Universidad Diego Portales, 2018) de Sylvia Plath. Edición de Karen V. Kukil y Juan Antonio Montiel; traducción de Elisenda Julibert.  

Un libro fundamental para meterse a lo largo de casi 1000 páginas en el mundo de una de las grandes poetas del siglo XX. Las anotaciones van desde que Plath tenía 18 años hasta un año antes de su muerte (de los últimos dos cuadernos, que abarcaban ese último año de vida, uno se perdió, y el otro lo destruyó Ted Hughes, su ex marido y albacea literario). Aparecen su vida privada, sus preocupaciones y pensamientos más íntimos, su afán por escribir y por alcanzar renombre… Compartimos, casi al azar, algunos fragmentos:

De pronto, una franja de luz azulada se ha proyectado en el suelo de la habitación desierta. Y he sabido que no era la luz de la calle sino la luna. ¿Qué puede haber más hermoso que ser virgen, pura, joven y llena de vida, en una noche así?

(…)

Hoy es 1 de agosto. Hace calor, bochorno y humedad. Está lloviendo. Tengo la tentación de escribir un poema. Pero no olvido lo que leí en la nota de rechazo de una editorial: tras un fuerte chaparrón, brotan por todo el país poemas titulados “Lluvia”.

(…)

Luego ocurrió lo peor, cuando el tipo altísimo, moreno y atractivo, el único con un buen tamaño para mí, que había estado rondando a varias mujeres y cuyo nombre yo había estado preguntando pero nadie supo decirme, se acercó y me miró a los ojos. Resultó que era Ted Hughes. Yo volví a ponerme a hablar a gritos de sus poemas y citarlo: “preciado y duro diamante” y él me respondió también a gritos, colosal, con una voz digna de un polaco, preguntándome: “¿Te ha gustado?” y me ofreció brandy; yo le contesté que sí y nos fuimos a la habitación de al lado. En el camino nos cruzamos con Bert, que miraba como si yo hubiera traído al mundo al menos a nueve o diez criaturas, y un minuto después oí el golpe de la puerta al cerrarse, y él ya estaba sirviendo brandy en un vaso y yo vertiéndolo más o menos en el lugar donde se hallaba mi boca la última vez que tuve conciencia de ella.

         Hablábamos de la reseña que me había hecho Dan a gritos, como si estuviéramos en medio de un vendaval. Él decía que Dan ya debía de haber sabido que yo era guapa y que no habría escrito esas cosas si fuera una tullida, y yo protesté con una larga parrafada en la que las palabras “acostarse con el editor” se repetían con inquietante frecuencia, lo que dejaba en claro que yo me había tomado el asunto de un modo completamente personal. Recalqué mis últimas palabras con un taconazo en el suelo y él me dijo que en la habitación de al lado lo esperaban, y que estaba trabajando en Londres, que ganaba diez libras a la semana y que en breve ganaría doce, y yo daba taconazos, y él también, y entonces me estampó un sonoro beso en la boca y me arrancó el pañuelo que llevaba en el cabello, el precioso pañuelo desgastado por el sol que me encantaba y que es irremplazable, y mis pendientes de plata favoritos. “¡Ah, me lo quedo!” aulló. Y cuando me besó en el cuello yo le mordí la mejilla un buen rato, bien fuerte, y cuando salimos de la habitación la sangre le corría por el pómulo.

(…)

La vida del artista se nutre de lo particular, de lo concreto: eso es lo que descubrí anoche mientras me parecía imposible escribir una serie de poemas sobre el concepto de los siete pecados capitales y me decía que más vale renunciar a esa idea fatal: tal vez serviría para una obra filosófica. Empezar con la alfombra de musgo verde que vi ayer en los pinares: buscar las palabras que la describan y el poema surgirá. Escribir de un modo cotidiano, sencillo, y entonces no se desvanecerá en la distancia, convertido en un objeto inasible. Escribir sobre la vaca, sobre los párpados caídos de la señora Spaulding, sobre el aroma de la vainilla en su recipiente marrón. Así surgen las montañas mágicas.

(…)

Esta semana he terminado un poema, “Point Shirley, Revisited”, sobre mi abuela. Me parece extrañamente poderoso y conmovedor, a pesar de la rígida estructura formal. Es evocador y no es tan plano como los otros. Pasé una tarde realmente agradable, mientras llovía, en la biblioteca, documentándome sobre los chotacabras para el poema del libro de Esther Baskin sobre las criaturas nocturnas. Encontré muchas más cosas sobre las ranas y sin duda es un tema mucho más agradable. Tengo ocho versos del soneto sobre el pájaro, muy aliterado y colorista. Esta mañana el problema es el sexteto.

(…)

Abrí la carta de inmediato, todavía en las escaleras, al pie de las cuales estaba la inmensa señora Whalen plantada en su silla en el césped, junto a sus dos hijitos paliduchos y falsamente lindos en bañador, que jugaban en la piscina hinchable redonda con una pelota a rayas de colores llamativos. Las apretadas letras negras de la carta de Howard Moss han retumbado en mi cerebro, solo he leído “«Mussel-Haunter at Rock Harbor» me parece un poema magnífico y me alegra comunicarle que hemos decidido publicarlo en The New Yorker…” y al darme cuenta de que se habían hecho realidad los sueños de diez años de esperanzas y anhelos (con sus respectivos rechazos) he subido gritando de alegría para ir a contarle a Ted, brincando como un frijol saltarían. Solo un poco después, cuando me había calmado un poco, he terminado de leer la frase: “…junto con «Nocturne» que también nos parece excelente”. Dos poemas, y no solo eso, dos de los más largos (91 y 45 versos respectivamente): tendrán que ponerlos en un sitio destacado, y les interesan a pesar de tener cubierto el cupo de poemas para el número de verano, así que nos los quieren para rellenar. Esta alegría supone la muerte de un viejo dragón y debería ayudarme a lograr una creatividad frenética en los próximos meses.

 

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35 SONETOS INGLESES (Leteo, 2020) de Fernando PessoaEdición crítica, bilingüe e ilustrada; prólogo y traducción de Esteban Torre.

Una verdadera joya editorial. Un excelente prólogo, que ubica en el universo de la obra de Pessoa este grupo de 35 sonetos escritos en lengua inglesa (que pertenece al grupo de los poemas sí publicados en vida). Luego los 35 sonetos en una traducción admirable, y además, como coda, una cronología, fotos, información sobre los heterónimos, etc. Mientras preparamos un comentario más largo sobre el libro, compartimos el primer y el último poema de la serie:

I

Ni al hablar o escribir, ni en la mirada
nos mostramos jamás: nuestra conciencia
ni en voz ni en libro puede ser cifrada.
Revelamos tan solo una apariencia.

Por más que el pensamiento pueda verse
tras el espejo que del alma aflora,
el corazón no llega a conocerse.
En lo que se revela, se lo ignora.

Existe entre las almas un abismo
que no logra salvar el pensamiento,
y nos separa –dentro de nosotros–

de nuestro ser el pensamiento mismo.
Somos sueños del propio entendimiento,
y sueños de otros sueños de los otros.

 

I

Whether we write or speak or do but look
We are ever unapparent. What we are
Cannot be transfused into word or book.
Our soul from us is infinitely far.
However much we give our thoughts the will
To be our soul and gesture it abroad,
Our hearts are incommunicable still.
In what we show ourselves we are ignored.
The abyss from soul to soul cannot be bridged
By any skill ol thought or trick of seeming.
Unto our very selves we are abridged
When we would utter to our thought our being.
We are our dreams of ourselves, souls by gleams,
And each to each other dreams of others’ dreams.

 

XXXV

Se acabó. El alma pesa, y estoy triste.
Lejos de mí, la luz del día extiende
su hueca estatua azul, que alegre existe
por no ser yo (mi pena así lo entiende).

He fracasado; pero sólo lloro
en esta hora por haber llorado.
Perder, frente al Destino, no es desdoro:
es el propio Destino el fracasado.

¿Qué se puede querer contra el destino?
Lo que decide o piensa, ¿quién lo sabe?
Caminemos, sin pautas y sin guías;

sabiendo que, a la vuelta del camino,
serán los astros los que den la clave
de nuestros pasos y de nuestros días.

 

XXXV

Good. I have done. My heart weighs. I am sad.
The outer day, void statue of lit blue,
Is altogether outward, other, glad
At mere being not-I (so my aches construe).
I, that have failed in everything, bewail
Nothing this hour but that I have bewailed,
For in the general fate what is’t to fail?
Why, fate being past for Fate, ’tis but to have failed.
Whatever hap or stop, what matters it,
Sith to the mattering our will bringeth nought?
With the higher trifling let us world our wit,
Conscious that, if we do’t, that was the lot
The regular stars bound us to, when they stood
Godfathers to our birth and to our blood.

 

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CARIBOU (Varo Roto Ediciones, 2017) de Charles Wright. Edición bilingüe. Traducción de Jeannette L. Clariond.

Charles Wright (n. 1935) es considerado uno de los poetas más importantes de Estados Unidos, ganador del Premio Pulitzer y poeta laureado nacional. Dice la contratapa: “«Me gustaría que quien lee mis poemas sienta que está en un antiguo monasterio, aislado del mundo, y cuyos frescos revelaran un sinfín de pequeñas visiones», escribió alguna vez Charles Wright, dejando ver el sentido de la revelación y recogimiento que evocan sus poemas. En Caribou cada poema encierra una contemplación de la naturaleza que se materializa en forma de elegía, en un canto con dejos de melancolía por la belleza huidiza y su efímero ser. El entorno, el ansia de lo divino y el paso del tiempo son temas recurrentes de este poeta que –apoyado en la música y en textos apócrifos– nos lleva de la mano en el camino de la introspección, a la lectura de nuestra propia interioridad. Su lectura es una toma de conciencia de nuestro paso por la tierra, tan fugaz como trascendente”.

Compartimos dos poemas:

 

CANCIÓN DE CUNA

He dicho todo lo que tenía que decir
tan melodiosamente como me fue dado.

He dicho lo que tenía que decir
tan a fondo como me fue posible llegar.
                                            He visitado los lugares

que he querido, salvo Jerusalén,
que no existe, por lo que ha llegado la hora de partir,

la hora de irse,
la hora de conocer a quienes no has conocido aún,
                                            la hora de decir buenas noches.

Concédenos el silencio, concédenos el no responder,
concédenos las sombras y sus cohortes
                                            furtivas a través del firmamento.

 

LULLABY

I’ve said what I had to say
As melodiously as it was given to me.

 I’ve said what I had to say
As far down as I could go.
                                       I’ve been everywhere
 

I’ve wanted to but Jerusalem,
Which doesn’t exist, so I guess it’s time to depart,
 

Time to go,
Time to meet those you’ve never met,
                                      time to say goodnight.

Grant us silence, grant us no reply,
Grant us shadows and their cohorts
                                     stealth across the sky.

 

HACE TIEMPO Y MUY LEJOS

Gente del agua, agua sobre el rumor del agua, música de arroyo,
¿quién no los ama?
                                Sólo el sordo, pienso, o la gente del viento.
Sus cuerdas en las arenas desérticas y el viento en la honda cañada.

¿Quién de nosotros puede abrazar el dolor,
                                                                   o la tristeza del polvo?
Bien, vacía tu ser de todo eso, vacía tu ser de sí mismo.
Hay cosas de las que no se puede hablar,
                                                                   ni tampoco pensar.

 

LONG AGO AND FAR AWAY

 Water people, water upon water sound, the creek music,
Who doesn´t love them?
                                            Only the deaf, I guess, or wind people,
Their strings over the desert sands, and the deep canyon blow-bus. 

Who among us can sorrow,
                                            or the sands of dirt?
Well, empty yourself of all that, empty yourself of yourself.
There are some things than cannot be spoken of, or thought about.

 

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CTALAMOCHITA (Barnacle, 2020) de Valeria Cervero.

Ctalamochita es una voz que inquieta y dispara inciertas etimologías –dice la contratapa de Gastón Sironi–, mientras sus ecos reverberan entre cuencas indígenas y violencias de imperio. Es ahora además un libro que siembra sentidos encontrados y emana una musicalidad que, siéntanla, fluye entre riscos y arenisca, como el río serrano del origen, a cuyas orillas el poema se escribe: Para atravesar lo oscuro hace falta cuerpo y saber desafinar un poco.

Hondura y mínima expresión, peligrosas hoyas y apenas aguas. Las orillas aparecen para dejar registro.

Ctalamochita, el libro, propone en su corriente una poética y una psicología de la escritura: Todos los cuerpos tienen sus huellas. La escritura es el cuerpo que no olvida. Un libro que se deja navegar, mientras postula una filosofía del tiempo: Porque alguna vez fue vivo lo que se corrompe. La flor, la tormenta, el sexo. ¿Quién nos librará de lo que moja y vuelve?

Es también, y siempre le estaremos agradecidos, una teoría de la desorientación, para perdernos en el río: La escritura viene y va. Nos moja y deja en el silencio que nos escribe”.

            El libro está conformado por 71 fragmentos numerados de prosa poética, agrupados en seis secciones. Compartimos algunos:

9.

La sal para los que ya no miran.
¿Dónde comienza el vuelo y dónde es puro simulacro de sí mismo? No podemos hacer que se desvistan y nos entreguen su corazón.
El ritmo invita a seguir, sabemos, pero ya no aprendemos de la luz.

16.

La piedra es el inicio. La imagen de lo que podemos ser. Resistencia como cuerpo de lo que queremos. Amor de lo mismo que es otro bajo la lluvia o el sol.

24.

La belleza no se separa del mundo. El sonido del agua es el sonido del primer día. Tal vez por eso no sabemos qué decir. Las palabras fluyeron hasta quedarnos sin nada.

34.

No es la piedra de Watanabe, pero también recuerda otras resistencias. En medio del río, nos ofrece un descanso y lo aceptamos sin recelo. Piedras más pequeñas la rodean como si fuera una reina en el agua. Sus superficies son pura dureza que seduce. 

44.

Agua y piedra pueden ser la combinación perfecta. El alma del río está guardada allí, entre las dos. Donde el sonido de una sobre otra invade todo y se lleva las voces de quienes amamos.

71.

Los naranjos ahuyentan la ceniza y anuncian otra claridad. ¿Podríamos ser nosotros los que hiciéramos de faro, cuestionando la noche? Todavía queda mucho camino hacia las flores.

 

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SIESTA EN XBALBA (Editorial Argonauta, 2019) de Allen Ginsberg. Edición bilingüe, con traducción y nota introductoria de Leandro Katz.

Dice Margaret Randall en la contratapa: “En Siesta en Xbalba, un poema tan importante como Aullido o Kaddish, Allen Ginsberg escribe sobre la gran ruina maya de Uxmal: «Imposible sintaxis del apocalipsis»; en 1954, cuando McArthy intentaba silenciar a la joven generación y a las generaciones venideras. El poeta nos lleva en un viaje al esplendor del pasado mientras imagina un presente y un futuro en los que lo más íntimo del ser se entreteje a través de la gran colectividad espiritual.”

A continuación compartimos el arranque del poema: 

 

SIESTA EN XBALBA Y EL RETORNO

                                            Dedicado a Karena Shields

I.

Sol tardío abriendo el libro
                     página en blanco como la luz,
palabras invisibles sin trazar
                     sintaxis imposible
del apocalipsis–
                     Uxmal: Nobles Ruinas
Sin construcción–

                     dejar que la mente se desmorone.

–Uno podría pasar preciados meses
y años tal vez toda una  vida
haciendo nada recostado en una hamaca leyendo
prosa con palomas blancas
                     copulando más abajo
y monos ladrando en el interior
                     de la montaña
y yo he sucumbido a esta
                     Tentación–

“Enloquecen en la Selva–”
                     el loco leía
y reía en su hamaca

                     ojos observándome:
congoja no de la jungla
                     pobrecita,
lo puede cansar a uno
                     todo ese barro
Y todos esos bichos…
                     Ajj…

Volviendo a soñar vi
un kodachrome eterno
recuerdo de un encuentro
de almas en una fiesta
apiñadas en el óvalo de un flash:
cigarrillos, insinuaciones,
risas de borrachera,
dulces conversaciones interrumpidas,
presentaciones en los pasillos,
rostros posando juntos,
gestos estilizados,
familiares rostros raros
y reconocimientos singulares
registrando saludos indiferentes
a través del tiempo:
Anson leyendo a Horacio
cabeceando,
Hohnsbean elegante
seriamente amanerado
con una mirada ausente,
Kingsland con pelambre bebiendo
de una copa enorme,
Dusty en traje de fiesta,
Durgin con zapatos blancos
gesticulando desde una silla,
Keck en un rincón esperando
música subterránea,
Helen Parker alzando
sorprendida sus manos:
todos posando en un marco,
superficialmente alegre
o trágico tal vez,
iluminados con el carácter
fatal o las acciones inteligentes
de sus vidas…

 

SIESTA IN XBALBA AND RETURN TO THE STATES

                                            Dedicated to Karena Shields

I.

Late sun opening the book,
                     blank page like light,
invisible words unscrawled,
                     Impossible syntax
of apocalypse –
                     Uxmal: Noble Ruins
No construction –        

                     let the mind fall down.

–One could pass valuable months
and years perhaps a lifetime
doing nothing but lying in a hammock
reading prose with the white doves
                     copulating underneath
and monkeys barking in the interior
                     of the mountain
and I have succumbed to this
                     temptation – 

“They go mad in the Selva –”
                     the madman read
and laughed in his hammock 

                     eyes watching me:
unease not of the jungle
                     the poor dear,
can tire one –
                     all that mud
and all those bugs…
                     Ugh… 

Dreaming back I saw
an eternal kodachrome
souvenir of a gathering
of souls at a party,
crowded in an oval flash:
cigarettes, suggestions,
laughter in drunkenness,
broken sweet conversation,
acquaintance in the halls,
faces posed together,
stylized gestures,
odd familiar visages
and singular recognitions
that registered indifferent
greeting across time:
Anson reading Horace
with a rolling head,
White-handed Hohnsbean
camping gravely
with an absent glance,
unbald Kingsland drinking
out of a huge glass,
Dusty in a party dress,
Durgin in white shoes
gesturing from a chair,
Keck in a corner waiting
for subterranean music,
Helen Parker lifting
her hands in surprise:
all posturing in one frame
superficially gay
or tragic as may be,
illumed with the fatal
character and intelligent
actions of their lives…

 

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DRIFTWOOD (Barnacle, 2020) de Marcelo Rizzi.

“Es bien difícil –afirma Daniel Freidemberg al comenzar su prólogo– escribir sobre Rizzi. Sobre su poesía, quiero decir, y más sobre Driftwood. Se le escapa a uno, se le escurren a uno las palabras para dar cuenta de lo que le pasa a uno al leer. Ni siquiera, en realidad, sabe uno bien qué le pasa, pero le pasa. Y cómo. Algo se le pone a uno en movimiento en el alma, con algo se encuentra uno jugando, algo va descubriendo uno o se le revela, aunque sea momentáneo, en algo se siente uno afectado, algo uno tiene que hacer para sortear los desafíos –no pocos– que esta estrategia de escritura le presenta. Porque no son, precisamente, muy habituales, encarar esos desafíos es una de las posibilidades que hacen a esta poesía tan disfrutable y necesaria…”

Compartimos tres poemas:

 

[…NADA YA SORPRENDE HOY, AUNQUE EL VENCEJO…]

Nada ya sorprende hoy, aunque el vencejo
haya girado el vuelo en otra dirección. Hay
quien dice que todo desvío es una distracción
del alma, el amor un accidente en el cortejo,
la última casa del camino el refugio para una
multitud: dioses de extravío con pies secos
que todavía sobre el agua salen a caminar.

 

[…ECHEMOS UN VISTAZO AL CORAZÓN…]

Echemos un vistazo al corazón
de una ciudad feliz y veamos
cómo se baila en ella, de qué
cosas ríen, cuál es la diosa
oblicua que se venera. Observemos
ahora la distorsión de esa imagen
que ya no puede volver atrás,
una vez más se ha ido demasiado
rápido en las certezas: el futuro
profetizado ha quedado sepultado,
estampado en un estambre de luz.
Por lo demás registremos ese
instante de próspera volatilidad:
viaje hacia la orfandad, que se
lleva a cabo siempre de a dos,
hacia el centro mismo de una
esfera.

 

[…ESTA BARCA VA A TESTIMONIAR NUESTRA…]

Esta barca va a testimoniar nuestra
deriva: bajamos la corriente cada día
con un solo madero hacia un sórdido
comedero cuyo único alimento es
devorado por un ejército de ausencias.
Se insiste a menudo para que haya verdad
entre lo ganado y perdido, que sea además
doble este vértigo absoluto de matrioshkas:
ir abarcándolo todo de a poco en un despiece
infinito, o volverse cada vez más pequeñas
una dentro de otra hasta por fin desaparecer.

 

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JARDÍN ANIMAL (Editorial Barnacle, 2020) de Cecilia A. Olguin.

“Octavio Paz tenía para sí –dice la contratapa de Pablo Seguí– que el acto mediante el cual alguien se funda y revela a sí mismo es la poesía. En “Jardín animal” Cecilia A. Olguín emprende un necesario trabajo de sí, donde el ser propio, jardín feraz que hasta savia perversa albergaba, pedía fuese ordenado. Y al tratarse de un terreno de esa índole, apelará a la minuciosa poda de lo indeseable y a la posterior labor purificadora del fuego. Pero se habla de un jardín animal, un jardín en el que también abundaron pasiones desatadas y un disloque de lo vivido. Y es la animal misma, en ese umbral en que se indistingue lo tan sólo sensitivo y lo ya pulsional, que incansable y agotadora se encarniza consigo hasta ocupar un sitio propio, sellado, pacificado: hortus conclusus. Podrá entonces, dejado atrás aquel pasado salvaje, recordar a los que ya no están, a quienes también ceniza son. Y acaso podrá vivir con más sosiego (“El fuego consume/ distinto a cada uno./ Apagada la materia/ perdura otro calor,/ consuelo de los cuerpos”)”.

Compartimos dos poemas, los últimos dos del libro:

NORMA

Le propuse a mi madre
que juntas
nos acomodemos
lo más que podamos.

Que ella cuide su cuero duro
sus ganas de vivir
y que yo me iré
muy despacito
haciendo a la idea
de que en algún momento
de los años venideros
en vez de venir
a visitarla
a esta cómoda
casa de siempre
iré a verla
al río
al mar
a la montaña
a cualquier arenita
donde quiera ella
seguir sumando a este mundo.

 

NORMA II

Partirás, madre
y yo ¿asistiré a esa muerte?
Si asisto, lo haré
con un cuchillo
debajo del brazo
para que no me arrastre
este hilo que cuelga
del ombligo.

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UMBRÍA (Zindo & Gafuri, 2020) de Lucía Dorin.

El libro tiene dos partes: una intitulada “umbría”, donde se despliega una lírica muy íntima, combinando el verso y la prosa poética, y otra intitulada “coordenadas para un libro-viaje” que, sin abandonar ese tono íntimo, pero virando a un tono más ensayístico, reflexiona sobre distintas lecturas y temas que aparecían en la primera.

Compartimos un poema de esa primer parte:

 

[…LUCIÉRNAGAS EN LA PUERTA…]

Luciérnagas en la puerta
acompañan como hadas mi regreso.
En los árboles de la vereda las chicharras escondidas
tratan de decirlo en una lengua que ahora entiendo:
se levantaron muros para refugiarnos
todo sigue en pie y el agua
marcó la casa con su estela gris.
En el relieve de ese conjunto líquido
demoro la entrada. La memoria borda
cada detalle, el agua persiguiéndome
el hogar cancelado
las reliquias del salvataje
los desplazamientos.
Y el bosque como una geografía íntima.

Pero las escenas que se despliegan me dan valor
el perro me habla del tiempo
una gata insiste en la luz de las ventanas
adentro y afuera, un paisaje unívoco
emerge y me invita a la casa.

Al final de la travesía
deseo de enredadera.

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LAS CALLES NEVADAS (Barnacle, 2020) de Diego L. García.

“La nieve –dice el comienzo de la contratapa, sin firma– supone partículas ásperas; es un material granular, con una estructura abierta y suave, excepto cuando es comprimida por la presión externa. Esos pequeños cristales de hielo adoptan formas geométricas y luego se agrupan en copos: con las palabras ocurre lo mismo; un ámbito en el cual la vida es un constante progreso en los márgenes. Los poemas de “Las calles nevadas” están sumidos en un paisaje donde, como en el relato de un famoso escritor inglés, no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso. Es el realismo sucio de la melancolía, los padres amantísimos, los esposos ejemplares y la lectura de traducciones en la ortodoxia de una lengua impuesta; los arcaicos ritos comunes basados en la tradición y la costumbre, a los que se accede a través del aprendizaje y en el peor de los casos de la literatura…” 

Compartimos los dos poemas que abren el libro:

 

[…HAY UNA FOTOGRAFÍA EN EL REVERSO DE LOS ACTOS…]

hay una fotografía en el reverso de los actos
que todavía se representan como nuestros.
la escena de una película americana.
siempre de posguerra. es decir. latente
entre las decisiones de sujetos y gobiernos
entidades que regulan los matrimonios
las salidas de sábados regulares para mirar
las estrellas desde el capó de un auto turquesa
las vallas blancas de las casas. madera por
todos lados. y las postales de todos esos mundos
que compramos acá. es como un supermercado
de grandes sueños. una serie de soldados
desertores mirando televisión en las madrugadas
y levantándose a las 6 para construir pirámides
con botellas de coca-cola. esas medallas son
las nuestras. nos quedamos dormidos en los
pantanos de una telenovela sin fin. la
cena está servida! los niños corren escaleras abajo.
una navidad interminable. la nieve en los deseos
aunque haga 40 grados y nuestras baldosas
se resquebrajen. nuestras baldosas mentales
por donde desfilan los impulsos y las apuestas
que hacemos en el último casino de la frontera

 

[…LAS CALLES NEVADAS SON SIEMPRE UN LUGAR PARA VOLVER…]

las calles nevadas son siempre un lugar para volver.
la postal y su reverso en blanco: me dirás la verdad?
un empapelado de 1945. un cóctel en manos
de una espía rusa. la lista de todos los errores
en una carpeta sin título. es mejor que las
palabras se agrupen solas. el automatismo
funciona muy bien en la pintura. qué podría
encarecer nuestro plan? en algún punto tras la muerte
la casa y el fresno en el jardín podrán corroborar
que las mejores legiones renunciaron al sentido
de la vista mucho antes de redactar sus promesas


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