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Leopardi y Pizarnik: resquicios para una lectura

Leopardi y Pizarnik: resquicios para una lectura

por Lucía Resnicoff

 

LEOPARDI EN LA OBRA DE PIZARNIK

            La lectura de los poemas de Alejandra Pizarnik siempre despertó mi interés. Conforme avanzaba mi formación académica y mi contacto con otros autores empecé a notar que en sus textos había muchos tonos que podían ser de derivación leopardiana, como su tratamiento del tema del infinito, de la naturaleza y de la condición del ser humano frente al dolor de una realidad sublime. Finalmente, me propuse investigar este posible cruce, con la esperanza de que pudiera existir una huella de Leopardi en la obra de Pizarnik.

 

UN HALLAZGO

            Gracias a la generosidad de Evelyn Galiazo pude acceder a una pequeña (e invaluable) parte del Fondo Alejandra Pizarnik de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Me encontré cara a cara con los ejemplares de las Operette morali[1] y los Canti[2] de Giacomo Leopardi que habían sido leídos por Pizarnik. Mi mano sostenía dos libros de traducciones españolas con un delicioso olor a viejo. Las huellas de otra época se hacían evidentes en el uso de la pluma para marcar la obra de Leopardi. Efectivamente, que esos volúmenes se hallaran dentro de la biblioteca personal de la poeta confirmaba materialmente una parte de mi hipótesis: ella lo había leído y, a su vez, había subrayado, intervenido las hojas.

            Y, sobre todo, en las últimas dos páginas de los Canti apareció un texto manuscrito por Pizarnik. Se trataba de un poema de su autoría, que aquí reproduzco:

 

“Mañana desaparecerá este pobre sol
Yo me volveré
con descuido / de ser todo lo que soy
porque la fe en el sí misma
no existe
Ningún desierto es perdurable
ninguna soledad sin motivo
ningún lugar es apto para refusilarse
solo las flores son libres ellas saben morir
y yo no / conozco ni este cielo ni esta arena
solo las huellas húmedas
el pis caliente / sí como una piedra culpable
adiós mi adiós te amo vilmente no olvides
de mi sangre las palabras de mi sangre
maldita / miseria
que con dinero y pan aún castiga
como un deseo frente a la noche del verano
como / el viento hijo de puta que me arrastra
no quiero que me lleven quiero nada estarme
nada / conocido nada por conocer
sino este lento flotar vagar divagar estar
dejar / que los perros laman mi
cerebro yo yo ser yo y estar en ti
en ti / calcula el recuerdo en estocada fatal
en tu medida la que sirve de patrón para la
herida / de aire en mi corazón
oh tú ten piedad de mí XXX[3]
tú odiado tan amor oh mío”

 

            Evidentemente, no es casualidad que este texto aparezca al final de ese poemario. Al leer algunos fragmentos, parece inevitable el reenvío a la obra de Leopardi. Allí donde Pizarnik escribe “este lento flotar vagar divagar estar” resuena el último verso de “L’infinito”: “e il naufragar m’è dolce in questo mare” (“y naufragar en este mar me es dulce”[4]). Aún con mayor fuerza, los términos “sol”, “desierto”, “soledad”, “cielo” y “arena” podrían remitir al icónico poema “La ginestra o il fiore del deserto”. En palabras de Leopardi, “tuoi cespi solitari intorno spargi, / odorata ginestra, / contenta dei deserti” (“tus matas solitarias diseminas, / olorosa retama, / contenta del desierto”). La idea del refusilo también aparece allí: “veggo dall’alto fiammeggiar le stelle (…) con l’aureo sole insiem, le nostre stelle / o sono ignote, o così paion come / essi alla terra, un punto” (“miro de arriba llamear los astros (…) con el dorado sol, nuestras estrellas / o son ignotas, o parecen como / ellos son a la tierra, un solo punto”). La flor de la retama, la única que crece en el desierto frente a la hostilidad del ambiente, también muere. Pero su muerte la vuelve “più saggia, ma tanto / meno inferma dell’uom” (“más sabia, mucho / menos vana que el hombre”). En palabras de Pizarnik, “solo las flores son libres ellas saben morir”.

 

PRÓXIMAMENTE 

            Ante estas certezas, la posible lectura productiva de Leopardi de parte de Pizarnik se vuelve tangible. La presencia de estos volúmenes y, especialmente, este poema confirman una parte importante de mi hipótesis. Sin embargo, también abren una serie de interrogantes que seguiré investigando en el marco de mi proyecto “Trozos de infinito: Alejandra Pizarnik y Giacomo Leopardi”. Ahora, a seguir trabajando: pronto habrá novedades.

 

[1] Leopardi, G. (1931) Diálogos. Madrid: Espasa-Calpe.

[2] Leopardi, G. (1951). Cantos. Barcelona: José Janés Editor.

[3] Inentendible en el manuscrito original.

[4] Todas las traducciones al español de los versos de Leopardi han sido extraídas de la siguiente edición: Leopardi, G. (2009). Cantos (2° edición revisada). Madrid: Cátedra.