Algunos libros recientes (junio 2019)

LA REALIDAD ESTÁ EN OTRA PARTE: CUADERNO DE FORMAS BREVES (Salta el pez, 2019) de Roberto Daniel Malatesta.

Masaoka Shiki dijo: “Recuérdame / como alguien que amaba el Haiku / y los Nísperos.” En ese haiku se reconoce el poeta santafesino Roberto Daniel Malatesta (1961), que recorre sus temas de siempre (el paisaje litoraleño, el reencuentro con la naturaleza, la belleza simple y cotidiana, las horas mansas, quietas) desde estas formas nuevas, condensadas, casi haikus.

Van algunos poemas:

Todo aparenta suceder en la web.
Esta mañana el biguá
rozó el río.

*

A la entrada del monte
un cráneo de caballo
me hace dudar.

*

Sobre la antena de televisión
una pareja de pirinchos
ridiculiza a las comunicaciones.

*

Muy temprano mi abuela
de par en par abría
las ventanas

        y comenzaba la función del aire.

*

Sin luna.
Senda del río,
se oyen los remos.

*

La rama toca el oro
que el sol le alcanza.

        Yo veo y callo,
        tan solo anoto:

        la rama toca el oro
        que el sol le alcanza.

 

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LAS PRIMERAS POETAS ARGENTINAS (Ediciones En Danza, 2019) de A.A.V.V. Nueva edición ampliada; selección y notas Gabriel Cófreces, Gabriela Franco y Eduardo Mileo. Prólogo de Paula Jiménez España.

Hace diez años se publicaba la primera edición de este libro, que ahora ampliado incorpora nuevas voces de las escritoras fundacionales del género en nuestro país. El libro es un muestrario excelente para asomarse a la poesía escrita por mujeres que nacieron durante el siglo XIX, la gran mayoría en su la segunda mitad.

Compartimos un poema de Vicenta Castro Cambón, nacida en Morón en 1883. A los seis años quedó ciega; murió en 1928. Firmó sus primeros poemas con el seudónimo “La ciega de Morón”. Fundó la Biblioteca Argentina para Ciegos.

TRÍPTICO

FE

Mis ojos se apagaron y se acortó mi oído,
mi cuerpo hacia la tierra se torció dolorido,
mi mano es muy delgada y muy débil mi pie,
mas no me compadezcas, hermano. Me defiende
y sostiene esa chispa que el mismo Dios enciende
dentro del pecho humano y que se llama fe.

ESPERANZA

Señor: ¡qué más se puede querer de tu largueza!
Proscriptos y mendigos se sientan a tu mesa
y las puertas del cielo franqueaste al pecador.
Señor, oye la gracia que te implora mi lodo:
¡Haz, para que buscándote a ti lo alcance todo,
que agonizando siga con hambre y sed de amor!

CARIDAD

Señor, cuando a la busca de una oveja perdida
al camino te lanzas, el alma agradecida
se anonada y no acierta la palabra de amor.
Señor, yo sé que vienes en busca de mi hada
y a la puerta te aguardo de mi pobre morada;
mas solo sé decirte: Heme a tus pies, Señor.

 

Y compartimos dos poemas de Emilia Bertolé, que nació en 1896 en la Provincia de Santa Fe y fue poeta y artista plástica.

 

LLUVIA

Otra vez la lluvia,
otra vez la extraña
música
del agua.

Detrás de los vidrios,
apoyada en ellos mi mejilla pálida,
de mí misma ausente,
miro sin ver nada.

Sobre el cristal frío
que mi aliento empaña,
escribe mi mano, al descuido,
no sé qué palabras.

 

SENSACIÓN

He peinado mis largos cabellos:
la luz moribunda se dormía en ellos.
Y en la sombra roja de mi cabellera
eran diez reptiles mis dedos de cera.

 

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SARA LUNA (Llantén, 2019) de Tom Maver.

Tom Maver (Buenos Aires, 1985) recibió el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes en 2018 por Sara Luna, su último libro de poemas. Publicó antes Yo: la incesante nieve (2009), Marea Solar (2016) y Nocturno de Aña Cuá (2018). Una particularidad del libro es que los títulos de los poemas tienen una nota al pie. Las notas funcionan contextualizando el poema, pero en su conjunto configuran una suerte de segundo texto, con el que los poemas dialogan, y que le da forma de narración a la historia de un viaje.

Dice Leopoldo Brizuela en la contratapa: “La poesía es cosa de mestizos. Y no todos, y no siempre, la escriben. Abrazado por el cuerpo de la madre tierra, a veces al mestizo le basta con jugar con palabras, con formas ajenas. Jugar a que se es otro, jugar a que se es libre. Pero se queda huérfano. Sara Luna es canción de huérfano, canción de regreso.”

Compartimos dos poemas, con sus respectivas notas:

CRUCES DE PALO* 

Hay cruces de palo
en el camino a Tiu Chacra.
Ayúdeme, abuela, a avanzar
entre las oraciones que elevan
los muertos desde el cementerio
al borde de la ruta.

Si uno soltara su memoria
en campo abierto,
ella se quedaría paralizada,
los ojos fijos en la negrura.
Sáqueme el miedo, abuela, hábleme
de las leyendas del viento,
las transformaciones de los hombres
en mujeres, en animales,
del doble espíritu de cada uno,
del ángel de la guarda que fortifica
abandonando, de la ceniza
que ponía sobre la herida del cerdo
recién capado
y de la noche que pasaba cuidándolo.

Yo vengo al pueblo donde nació
por caminos secundarios,
acerco mi oído a su lengua mestiza,
a sus historias
sobre las horas de trabajo,
la resistencia de la gente de campo
que ha hecho de sus días
un entrenamiento del cuerpo
para la ascensión de la cosecha.
Hábleme, usted que habló
tan poco en vida.

* Un nudo en el estómago al bajar del colectivo que me llevó desde Santiago del Estero hasta Villa Robles, a unos 20 kilómetros. No sabía a dónde había llegado, sólo que estaba sobre la ruta provincial número 1, donde había un cementerio, un almacén, un bar, una escuela, una iglesia. Era casi el mediodía de un día de julio de 2015, no había nadie en la calle. Pensé en cruzar la ruta y esperar el colectivo de vuelta a la capital. Pero estaba tan cerca del lugar donde había nacido Sara Luna que sentía que todo lo que me unía a ella tiraba de mí hacia ese camino de tierra, de apenas dos kilómetros, que llevaba a Tiu Chacra.

 

UN HILO PARA QUE SARA LUNA CORTE*

¿Qué pasaría
si tu abuela,
digo, si tu mismísima abuela,
no supiera conjurar
el mal de ojo
que te hicieron,
el bichaje que cayó
en tu estómago?
¿Qué pasaría si
se cortara el hilo
que te une al pasado
y quedaras varado
en pueblos fantasma?
¿Y si las viejas recetas
se hubieran perdido
y no quedara nadie
que supiera
encender fogatas?
Pasaría lo que siempre
pasa. Te recuperarías.
Volverías a la chispa
Que no se prende
ni con conocimiento
ni con experiencia
sino con la adrenalina
de estar en el campo,
y sólo tendrías
los ojos de los animales
 fijos en el temblor
 de tus manos
frotando piedra
contra piedra.

*No llegué solo  Tiu Chacra, una familia se ofreció a llevarme. Eran la mujer que trabajaba en la salita de primeros auxilios y su hijo, Irma Corbalán y “Pollito”. Dijeron que me iban a llevar a conocer la casa del más viejo de los Luna. Un antepasado vivo, pensé. El detenimiento de la siesta en Villa Robles removió todavía más mi ansiedad por cruzar el umbral de Tiu Chacra y seguir las huellas en la polvareda hacia aquella casa en un recodo del río dulce.

 

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ANCIANOS RELUCIENTES (Caleta Olivia, 2019) de Kate Tempest. Edición monolingüe en traducción de Tamara Tenembaum.

Kate Tempest es una poeta británica nacida en 1985 y ha tenido una carrera meteórica a partir del cruce de su poesía con el hip-hop y otras formas privilegiadamente performáticas. “Ancianos relucientes se escribió para ser recitado (…) Kate Tempest nos evoca a la Odisea, a los dioses griegos y a la épica clásica para elevar a sus sujetos que atienden bares de mala muerte en el sur de Londres, abandonan a sus familias y pelean contra borrachos con botellas rotas: ellos son héroes por derecho propio” dice en contratapa.

Compartimos un fragmento del libro.

Todos necesitamos amar
y ser amados
y seguir.

Quizás no haya ningún monstruo que matar
ningún diente de dragón que quede por sembrar
pero lo que hay, es el flujo
de lluvia bajando por las canaletas
lo que hay son los locos que murmuran.

Lo que tenemos acá
es una paleta de mitos nueva y reluciente:
la parábola del compañero que tenías que podría haber sido cualquier cosa
pero terminó siendo un adicto.

O la parábola del padre pródigo
que regresa luego de años en la selva virgen.

Nuestra moral todavía se aprende con la experiencia
ganada en estas ciudades en toda su rabia y su Julieta Venegastedio y sí—
nuestros colores son apagados y agrisados
pero nuestras batallas también son puestas en escena
y todavía somos míticos:
llámennos por nuestros nombres.

Somos perfectos por nuestras imperfecciones.
Debemos mantener la esperanza;
debemos ser pacientes—
porque cuando excaven los tiempos modernos
nos encontrarán: los Ancianos Relucientes.

 

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FORMA PARTE DE MI GUERRA (Editorial Barnacle, 2019) de Alberto Cisnero.

Décimo libro de Alberto Cisnero (La Matanza, Buenos Aires, 1975), autor de, entre otros, El límite de la materia (2012); Adiós y hasta pronto (2013), Drugstore (2015) y Las casas (2018).

Compartimos dos poemas:

33

todo ya fue escrito hace mucho tiempo.
los insectos estivales chocaban contra
la lámpara. ahora lo único que te resta es exponer
con los números pegados en ellos para los salones
de subasta. y que sea incompleto o repelente
en la vetustez de su tema. estuviste ausente
y encontrás de pronto las puertas cerradas
y las ventanas a oscuras. y tras el frescor de ese
primer cortejo, devuelto a su sentido prístino
el impulso de ponerle un fin iracundo, resolvés
escribir otro poema (cedido, propio, hurtado),
no importa sobre qué. extendés y te decís
adiós con escénica rapidez, sorprendido sin una
opinión sobre los detalles faltantes, sin ocultarte,
permaneciendo en un rincón.

34

imaginá un punto lejano en un sistema estelar
lejano. a años luz de acá. nunca lo hemos visto
en nuestros telescopios. una estrella en sus
últimos días de vida. escribí que es un fugaz
aleteo, que vas a trocar piel por sal. o podés
empeñarte en una línea azul muy difusa
que todavía se abate contra la nieve.
ves que se borra y aparece de nuevo,
significa que cae y se divide al pie del acantilado
y que demasiado lejos para volver
sobre sus pasos, parece dirigir su intento a otros
montes, a otros bosques, donde también
se pueda cazar y tender trampas. los tiempos
cambiarán. volveremos a vernos. evitamos
persuadir a alguien, sólo recordamos,
sólo soltamos el cuello de alguien.

 

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EN EL HUMO Y OTROS POEMAS (Ediciones En Danza, 2019) de Eugenio Montale. Edición monolingüe en traducción de Jorge Aulicino.

Una antología que recorre cronológicamente la poesía del premio nobel italiano Eugenio Montale (1896-1981), considerado unánimemente uno de los poetas esenciales del siglo XX. Compartimos dos poemas, y del primero (que Montale escribió cuando tenía 20 años) el link para escucharlo recitado por él mismo:

SESTEAR PÁLIDO Y ABSORTO

Sestear pálido y absorto
cerca de un candente muro del huerto;
escuchar entre los espinos y tocones
chasquidos de mirlos, susurros de serpientes.

En las grietas del suelo o sobre la algarroba
espiar las filas de hormigas rojas
que ora se rompen y ora se entrecruzan
encima de minúsculas gavillas.

Observar entre la fronda el palpitar
lejano de escamas de mar
mientras se elevan trémulos crujidos
de cigarras entre pelados picos.

Y andando en el sol que deslumbra
sentir con triste maravilla
cómo es toda la vida y su trabajo
este seguir una muralla coronada
de cascajos aguzados de botella.

Acá lo recita Montale. 

 

LA ÁNGUILA

        La anguila, la sirena
        de los mares fríos que deja el Báltico
        para alcanzar nuestros mares,
        nuestros estuarios, los ríos
        que remonta profundamente, bajo corriente adversa,
        de ramal en ramal
        y luego de cabello en cabello, afilados,
        siempre más adentro, siempre más hacia el corazón
        de la piedra, filtrando
        en acequias de fango, hasta que un día
        una luz arrojada por los castaños
        enciende su serpenteo en charcos de agua muerta,
        en las zanjas que bajan
        desde los barrancos de los Apeninos a la Romaña;
        la anguila, antorcha, fusta,
        flecha de amor en la tierra
        que solo nuestros barrancos o disecados
        arroyitos pirenaicos reconducen
        a paraísos de fecundación;
        el alma verde que busca
        vida donde solo
        muerden la aridez y la desolación,
        la centella que dice
        todo comienza cuando todo parece
        carbonizarse, rama seca sepultada;
        el iris breve, gemelo
        del que engastan tus pestañas
        y haces brillar intacto en medio de los hijos
        del hombre, inmersos en tu fango, ¿puedes
        no creerla tu hermana?

 

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ANTES DE ABRIR UN CLUB (Zindo & Gafuri, 2018) de Cristian de Nápoli.

Antes de abrir un club se lee como un ensayo crítico sobre el acto mismo de la escritura, pero también como un arte poética sobre eso que está más allá de la poesía”, dice, en el prólogo, Luis Chaves. El libro reúne poemas escritos entre 2007 y 2015, y aquí compartimos uno.

CASI PERDIDO

Mi deseo se sumerge en aguas
donde nada perfecto todo lo que decís.
Cuando te conocí hablabas poco,
cuando empecé a quererte ya eras de frases mínimas
todas con algo de largo
completo con la brazada justa.
En postas y a veces
por andariveles contiguos
va lo que decís de pecho,
lo que decís de espalda,
las mariposas.
Siempre rápido.
Todas tus frases me llegan.
Si además tuviera que entenderte
no sé qué sería de mí.

 

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LOS SABERES ESENCIALES (Ediciones En Danza, 2019) de Marcelo Rizzi.

El séptimo libro de Marcelo Rizzi (Rosario, 1961) hila poemas en una prosa delicada. Aquí compartimos dos de los textos.

Cualquier lugar es siempre hacia donde se viaja, excepto en aquellas ocasiones en que uno no puede bajarse de la hamaca —desde donde observa la mendacidad del mundo, respira del polvo matinal su versión más profana. Lúcida experiencia de seguir avanzando de sentado y retrocediendo en el tiempo. Beatitud extrema del pájaro y del santo, disolución perfecta de la nube en la mañana.

*

Cuentan los frutos caídos del nogal; primero allí, bajo los párpados; luego, donde los dedos recogen lo aceptado sin preguntar. Cada uno a su manera porta en su morral la sobra que lo nombra. Desde la ola marina a la oquedad del cerrojo todo se lo debemos a lo que nunca leímos, al grito del cordero y al destrozo.

 

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LA TIZA DE POE (Malisia Editorial, 2019) de Roxana Páez.

Roxana Páez vive en París, y ha publicado numerosos libros de poesía. Compartimos un poema:

ANDE

Ahora te tirás a la basura
pero con dignidad.

El cielo, necesitás ver el cielo
despejado de bloques, de montañas
incluso. El cielo enorme sobre la tierra chata.

La montaña entristece. Tan cerrada!
Fuiste y subiste para ver de dónde viene
ese pliegue contrapliegue del luto de la montaña.

Que en los flancos
se desbarranca,

y en los sueños
o esa misma noche por el camino
en bajada
es un tsunami en suspenso.

 

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MATRIX LUX. POESÍA REUNIDA 1989-2019 (Ed. Bajo la luna, 2019) de Lila Zemborain.

Una excelente oportunidad para conocer o releer como conjunto la poesía de Lila Zemborain, nacida en Buenos Aires en 1955, y radicada en Nueva York desde 1985, donde se dedica a la docencia. Dice Arturo Carrera en la contratapa: “No sería desacertado imaginar Matrix Lux, la obra poética de Lila Zemborain, como un tratado de las sensaciones, ya que leer su poesía es casi una experiencia mágico-religiosa. Embarcada en un proyecto cuyos límites desconoce pero que a los lectores nos resulta fascinante, Zemborain vuelve promesa cada poema, cada instante: cifrar y revelar con palabras, otra vez, con mantras como el que da constante resonancia a su extraordinario Matrix Lux, con sílabas o nubes de meditación, sonidos que se llaman, que se unen o se pierden como copos de una gran nevada.”

Compartimos tres poemas de la sección “Matrix Lux. New York – Shelter Island (2015-2016):

 

Ra        Ma       Da      Sa       Sa       Se       So       Hung

                         ¿Qué es el ánimo?
                                   ¿Qué son las pasiones?

Se manifiestan de repente
                                                y es un sano ejercicio poder
                        determinar el momento
                                                            de decir
                                                esto puedo hacer

Ra        Ma      Da      Sa       Sa       Se       So       Hung

Este es un libro blanco
                                    Un blanco que apichona
                                                                        –blanco pichón de alas blancas–

                        Apacigua lo que es rojo o negro

                                    con la cualidad de su brillantez

Ra        Ma      Da      Sa       Sa       Se       So       Hung

Matrix
                        Matrix lux

            Llénate de luz blanca

                                    luz incandescente
                                                de blanco absoluto

                        deslumbrante

            Brilla sin color

                                    Brilla sin calor

                        Cura
                                    con tu iridiscencia

            absolutamente blanca

 

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FÁBRICAS (Salta el pez, 2019) de Paula Galindez.

Un libro de poemas que surgieron del encuentro con cuadros de pintores argentinos. Dice Alberto Muñoz en el prólogo: “Entonces aparece la pintura como ventana abierta hacia uno mismo (…) La poesía de Galindez nos propone un encuentro con las obras, despliega aquello que ya no es de nadie, ni del autor de la imagen, ni de la poeta”. El ejemplar incluye una lámina con la reproducción de cada uno de los cuadros referidos en los poemas. Compartimos dos:

EL MAR DULCE

En el interior desgastado
de unas botas de labriego
hay:
un cuerpo flaco
algunos kilos de carne podrida
un juego de sábanas sucias
sillas traslúcidas
el fade out de El acorazado Potemkin
las huellas de una luz blanca
una única puerta abierta.

No se pueden pintar
botas de labriego.
Sólo se puede
dibujar líneas
y esperar que bostecen.

Guillermo Kuitca; El Mar Dulce, 1986

 

 

DESNUDO

“Deberías haber ejercido con más violencia tu belleza”, El canto de las sirenas, Alberto Muñoz

La lámpara de flores
estaba encendida
cuando vi desnuda
a mi madre.

Tenía cincuenta y pico,
me acariciaba el pelo
con los dedos mojados,

        me decía
        que me calmara
        que ella no sufría
        por estar vestida.

Marcia Schvartz; Desnudo, c.1999

 

 

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COSAS QUE HAGO EN LA OSCURIDAD. 31 POEMAS SOBRE LO PERSONAL &  POLÍTICO (Bajo la luna, 2019) de June Jordan.  Edición monolingüe. Selección, traducción y prólogo de Flor Codagnone.

“Cosas que hago en la oscuridad –leemos en la contratapa– es el título del primer libro de poemas de Jordan y es también el de esta antología, la primera de su obra en castellano, que presenta una muestra concentrada de la diversidad de tópicos de su poesía: si notable variedad de recursos poéticos, su manejo del lenguaje coloquial, la declamación como herramienta para visibilizar la injusticia y como elemento constitutivo de la propia identidad”. A continuación tres poemas:

ESTOS POEMAS

Estos poemas
son las cosas que hago
en la oscuridad
alcanzándote
quienquiera que seas
¿y
estás listo?

Estas palabras
son piedras en el agua
que pasa.

Estos versos escuálidos
son los desesperados brazos de mi anhelo y de mi amor

Soy una extraña
aprendiendo a adorar a los extraños
a mi alrededor

        quienquiera que seas
        quienquiera que yo pueda llegar a ser.

 

CANCIÓN CORTA DESDE MI CORAZÓN

Dentro de nuestro amor el mundo
parece un plan razonablemente fácil
el continente los océanos
no son más complicados / más grandes que los sueños
nuestros sueños
tan fáciles de abrazar
y el tiempo es un espacio nuevo y absoluto
que empieza donde estás vos
el sexo de la familia y el claro
objetivo lejano de pronto
empieza donde estás vos
estoy comenzando a pertenecer / ser libre
Dejame ser llevada hacia el misterio
con vos
Dejame volver a casa

 

DESPUÉS DE QUE SE HA DICHO Y HECHO TODO

Tal vez pensaste que me olvidaría
del amanecer
de cómo la luna permaneció durante
la mañana un labio inferior
tu boca parcialmente abierta parcialmente
hablada

tal vez pensaste que exageraría
el fuego de las estrellas
el fuego de la madera húmeda ardiendo junto
a la orilla
el fuego el sexo el movimiento súbito
que me hiciste hacer
para encontrarte
(fuego)

CARIÑO
No exagero
pero
si pudiera
lo haría.

 

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HOY LLUEVE EN EL MUNDO (Caleta Olivia, 2019) de Paula Giglio.

Paula Giglio nació en Córdoba en 1988. Es Licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba. Publicó los libros de poesía Ella, naturaleza (Ed. Babel, 2012), En el cuerpo (Ed. Del Dock, 2016), Un lugar para mis piernas largas (Ed. Caleta Olivia, 2018). Dice Robin Myers en la contratapa: “Los poemas de Giglio son delgados desdoblamientos sobre la página. Son poemas con conciencia y dignidad, con lente preciso, con una capacidad admirable de quedarse en lo irresuelto y defenderlo. Son poemas de días fríos que laten con su propio calor. Y en ese sentido sí atraviesan una distancia: la concilian.”

Compartimos unos poemas:

        Traté de ver la escena con tus ojos:
        dos turistas hablando ruso entre sí
        y después en francés, pero con acento.
        Pasaron al lado de mi ventana.
        Yo estaba en calzoncillos,
        tomando mate y comiendo mandarinas.
        Me resultó un momento típico
        de esas películas francesas
        que yo no veo y que vos amás.
        Hablando en serio, fue mi forma
        pasar el tiempo, de sentirme
        Menos solo.
        En ese caso, como alguien
        casi anónimo de Kazan,
        que ya se olvidó
        de hablar Chuvash.

        *

Compartimos un viaje hasta Bruselas.
Maneja un belga
con el que simpatizás al instante.
Yo entiendo lo que dicen
pero me escudo en mi francés precario
para ir mirando por la ventanilla.
Cada pueblo tiene su iglesia;
pequeños condados
y su castillo al medio, imagino.
Después, tomaremos el tren a Brujas
donde otra vez el paisaje
será irreconocible y vos
irreconocible y yo
tan continua.

        *

        Una lluvia indecisa cae, cota a gota,
        
Siempre al borde de que importe.
        
Herzog

        Anotaciones tontas en un café
        porque necesitaba el enchufe:
        en estos días, aprendí
        a separar lo minúsculo
        de lo cotidiano.
        Una vez, la luna estuvo roja
        por el eclipse
        y pude ver su forma distante.
        Esa noche brindé
        porque algo más pequeño
        me aplastaba.
        Yo estaba ilesa, como de hierro;
        una pluma, sin embargo.

 

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CELDA (Ediciones En Danza, 2019) de Rubén Echagüe.

Cuarto libro de poemas del rosarino Rubén Echagüe. Un libro de tono directo, en el que la poesía surge de una mirada fresca y filosa, con giros inesperados y sorprendentes.

Compartimos un poema:

SACRIFICIO 

Hoy sacrificamos
140 niños saludables,
para intentar
aplacar la cólera
de los dioses.
También 200
llamas jóvenes
y algunos
guanacos apestosos…
Los niños gritaban
y resbalaban
en su propia sangre,
pero nuestras
manos pegajosas
elevaron
sus corazones
al cielo, para saciar
la sed de vida de
las grandes sombras
innombrables…
(Llamas y
guanacos son menos
apreciados, dado
su aire indiferente
y estúpido).

 

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MI GESTO PANK I y II (2018, 2019) A.A.V.V. Dirección de Micaela Szyniak, Aldana Antoni y Ayelén Cisneros.

Se trata de los dos primeros números de una revista literaria de formato libro de aproximadamente 100 páginas cada uno. Cada número propone un recorrido desde una óptica feminista a partir de un eje vertebrador (“El éxito” en el primer número, “Putas” en el segundo). Trae ensayos, crítica, cuentos y crónicas. Y poemas, claro. Compartimos uno de cada número.

DESCONOZCO POR QUÉ (Malén Denis)

desconozco por qué
proyecto una vida tan concreta
cuando en realidad me deshago
como una algodón de azúcar.-
en contacto con el agua
sueño con vampiros
y pueblos que no existen
y mi única preocupación
es a dónde van los recuerdos
que perdimos en la noche
por qué nos cuesta tanto
detener el impulso de rompernos?
en realidad soy buena
y quiero lo mejor para los dos
de dónde salen los deseos
como rayos que te empujan
contra los bordes, las paredes
el suelo
quiero un estilo de vida simple
no sentirme todo el tiempo
en un parque de diversiones
al que de un segundo a otro
se le corta la luz

 

LOS CHICOS QUE NADAN EN LA PILETA DEL BARRIO (Luciana Reif)

Los chicos que nadan en la pileta del barrio
son tiernas gacelas deslizándose veloces,
no podrían ir contra el curso del río,
no podrían despreciarlo.
Los deseo porque no tienen miedo de ser delicados,
sus manos ingresan con suavidad
cuando hacen la brazada
y se terminan desplegando fuera de mi vista.
Ese gesto: el dedo índice estirándose
en su punto máximo, permanece oculto
como un tesoro en el fondo del mar.
A mí me regalan, en cambio,
la flexión del antebrazo como las patas de una garza.
Podrían volar, lo sé,
pero eligen esta pose horizontal,
desplazarse sobre el plano, patinadores de hielo.
Así me gustaría tenerlos en mi cama,
mis muslos abriéndose como ellos abren el agua,
agarrando con sus manos un puñado de gotas,
que enseguida se disuelve, para impulsarse.
Los chicos que nadan se aferran a mí, soy
una especie desconocida en la inmensidad
del océano, la perla brillante y secreta que encuentran
después de hundir su cabeza por debajo.

 

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CARTAS DE LAS MUJERES DE ESTE PAÍS (Nueva York Poetry Press, 2019) de Fredy Yezzed. Edición bilingüe castellano – inglés.

Carta de las mujeres de este país –dice la contratapa de Freddy Ñáñez, Jurado del premio literario Casa de las Américas, en el que el libro fue premiado– es un libro donde las madres, esposas, hijas y hermanas le escriben a los desaparecidos de Colombia, y, por extensión, a todos los desaparecidos de Latinoamérica.” El autor es el colombiano Freddy Yezzed, radicado hace ya varios años en la Argentina.

Compartimos un poema

CARTA A LAS MUJERES DE ESTE PAÍS

Una poesía que sea un santuario en ruinas
Aquí estamos, con la espuma en la mano frente a los trastos,
escuchando el sonido de la sangre. A través de la ventana, la luz de la luna ilumina
los metales y las pompas de jabón. Estamos ya viejas y recordamos cosas frágiles.
Todas nosotras estábamos allí. Nos dejaron vivas para que pudiésemos
decir las manzanas podridas. También para que susurremos
mientras gotean nuestros dedos: “No nos arrebataron el amor”.
Quisiese que el dolor se fuese como se va la grasa por el sifón.
Pero el dolor está ahí como un hijo creciendo adentro nuestro.
El dolor nos dice: “Hijas mías, mirad cómo han mudado de alas”.
Hay brillo en las cucharas y los tenedores, pero el recuerdo, el dolor,
el apellido de nuestros hombres aún sigue latiendo entre las manos.
Mientras lavamos una olla, un sartén, un colador, hay una que imagina
bañar y acariciar el pecho, las manos, los pies de su hombre.
Son otros los que hacen la guerra, pero somos nosotras las que cargamos
las carretillas de lodo de un cuarto al otro.
Entre nosotras y el grifo de agua, la luna y nuestros difuntos cantando.
No nos marcharemos sin más. Vamos a lo profundo del misterio.
Buscamos en el humilde jarro de nuestro pozo las palabras más sencillas
para decir con exactitud la costilla rota, su mano tronchada, sus ojos abiertos y quietos.
Cuánta pena hay en esta tarea diaria de lavar los platos, los vasos, nuestras sílabas.
La guerra tiene el nombre de un varón, pero la memoria, las vocales temblorosas de una mujer.
Nadie mejor que nosotras lo sabemos: “Todos somos culpables en la pesadilla”.
Y no hablar, lo creemos casi doblando las rodillas, es morir frente a los hijos.
Ninguna se oculte en la casa limpia, ninguna diga nunca, ninguna deje de desollar el alma.
Aquí estamos las mujeres de este país sacándole brillo a nuestros muertos.
Aquí estamos las mujeres de este país edificando con espuma
el amor. Aquí estamos las mujeres de este país
con la luna entre las manos.


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