Goethe –Metamorfosis de las plantas

El #38 en papel de Hablar de Poesía comienza con un artículo dedicado a Goethe. Las piezas centrales son dos poemas de vocación naturalista “Metamorfosis de las plantas” y “Metamorfosis de los animales”, ambos traducidos por Andrés Kusminsky. Goethe decía que “no era posible concebir a un naturalista sin una gran imaginación (…) capaz de una visión amplia del mundo natural y de sus leyes”. Podríamos invertir el orden de la frase para descubrir su otra cara: para Goethe no es posible concebir la imaginación por fuera del mundo natural y de sus leyes. Los procesos creativos de la naturaleza son una llave para comprender los procesos de la creación poética. Las Metamorfosis son, por tanto, un enunciado sobre el mundo natural y, de manera indirecta, un enunciado sobre la poesía. El artículo incluye, como introducción a los poemas, una serie de fragmentos del libro de Eckermann Conversaciones con Goethe, que Nietzsche consideraba el mejor libro de la literatura alemana.

Compartimos tres de esos fragmentos, seguidos del poema “Metamorfosis de las plantas” en la versión de Kusminsky y en alemán.

 

 

CONVERSACIONES CON ECKERMANN. FRAGMENTOS.

11 de junio de 1825

Después hablamos de los filósofos de estética, que pretenden expresar la esencia de la poesía y del poeta por medio de definiciones abstractas, sin llegar a un resultado claro. “¡Qué tanto hay para definir!”, dijo de pronto Goethe. “Sentir vivamente la circunstancia y ser capaz de expresarla. Eso hace a un poeta”.

 

22 de marzo de 1831

“La teoría era que el artista necesitaba sobre todo devoción y genio para estar a la altura de los mejores. Una teoría así resultaba muy seductora, y se la aceptó con entusiasmo; porque para ser devoto no había que aprender nada, y el propio genio lo traía ya cada uno de su señora madre. Basta expresar algo que halague la arrogancia y la pereza para tener un gran número de seguidores entre los mediocres.”    

 

11 de marzo de 1832

“Pero, además, ¿qué sentido puede tener? Después de los famosos seis días imaginarios de la Creación, Dios no se entregó en absoluto al descanso; está obrando aún como el primer día”.

 

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METAMORFOSIS DE LAS PLANTAS (JOHAN WOLFGANG VON GOETHE)

Amor, te desconcierta la rara multitud
de flores, su desorden variado, en el jardín.
Escuchás muchos nombres y siempre el nuevo empuja
del oído a los otros, con su sonido extraño.
Las formas se parecen y nunca son iguales.
Desde el coro sugieren que hay una ley secreta,
un enigma sagrado. ¡Si yo pudiera, amiga,
entregarte ya mismo, alegre, su respuesta!
Mirá su crecimiento, cómo, lenta, la planta
va de una etapa a otra hasta dar flor y fruto.
Su desarrollo empieza en la semilla, la tierra
oscuramente fértil la empuja hacia la vida.
Y ahora recomienda las hojas incipientes
al placer de la luz, la inquieta, la sagrada.
Una fuerza dormía en la semilla, un modelo
replegado en sí mismo, debajo de su funda,
hoja, raíz y germen, sin forma ni color.
Algo vive, callado, dentro del núcleo seco
y va surgiendo, entrando a una humedad tibia
para salir más tarde de la noche envolvente.
Todo, al principio, muestra su forma más sencilla.
Esto vale, también, en la infancia de las plantas.
Después viene otro impulso que se eleva, y repite
la primera figura, nudo sobre nudo.
Pero no son iguales; las hojas más recientes
van variando su forma, van cambiando y entonces
son más anchas, con puntas definidas y tallo;
estaban contenidas en el órgano interno.
Recién ahora alcanzan la singularidad
que en algunas especies te mueve hasta el asombro.
Más dentadas, nervadas, más lozano su aspecto,
el impulso parece ilimitado y libre.
Y la naturaleza, refrenando el proceso,
lo lleva de la mano a mayor perfección.
Va angostando los vasos, va llevando la savia
más despacio, y ahora su acción es más sutil.
La expansión de los bordes se aquieta y va mostrándose,
más nítido que antes, el nervio del estilo.
Sin hojas, pero rápido, va elevándose el tallo
y entonces, al que mira lo atrae un nuevo asombro.
En círculo, aparecen contadas y sin número
hojas chiquitas, tantas, una al lado de otra.
Contenido en el eje, el cáliz se resuelve,
se abre, y la corola muestra su color.
Un impulso que anhela algo más alto y pleno,
revela, en sucesión, un miembro junto a otro.
Y siempre te asombrás cada vez que en el tallo,
esa fina estructura, la flor mueve sus hojas.
Pero estos esplendores anuncian otra obra.
Sí, los pétalos sienten una mano divina,
rápidos se contraen y las formas más frágiles
asoman, espejadas, destinadas a unirse.
Hay una intimidad mayor entre parejas;
numerosas, se ordenan en torno del altar.
Himeneo se acerca y ahora es imposible
no sentir los olores vivificando todo.
Van creciendo, uno a uno, los muchísimos gérmenes
adentro de su fruto, que también va creciendo.
Y la Naturaleza, ahora, cierra el ciclo
de sus fuerzas eternas, y otra vez recomienza,
para que la cadena se prolongue, infinita,
y la parte, viviendo, también resguarde el todo.
Amor, la multitud de colores no puede
desconcertarte más, si querés advertirla.
Cada planta te anuncia las leyes eternas,
percibís cada vez más claro lo que dice.
Si ahora descifrás las letras de la Diosa,
cambiadas, podés verlas después en todos lados.
Que la oruga se arrastre, la mariposa vuele,
y que maleable el hombre transforme su figura.
Pensá cómo también, del germen del encuentro,
fue creciendo, de a poco, en nosotros el hábito,
descubriendo más tarde una amistad profunda,
y el amor, al final, dándonos flor y fruto.
Mirá la profusión de la naturaleza,
siempre prestando formas a nuestras emociones.
¡Es alegre este día! El fruto más sublime
del amor, el más dulce, es ser de un pensamiento,
de una visión del mundo, para que en armonía
lo que es doble sea uno, en la esfera más alta.

 

 

DIE METAMORPHOSE DER PFANZEN

Dich verwirret, Geliebte, die tausendfältige Mischung
Dieses Blumengewühls über dem Garten umher;
Viele Namen hörest du an, und immer verdränget
Mit barbarischem Klang einer den andern im Ohr.
Alle Gestalten sind ähnlich, und keine gleichet der andern;
Und so deutet das Chor auf ein geheimes Gesetz,
Auf ein heiliges Rätsel. O könnt ich dir, liebliche Freundin,
Überliefern sogleich glücklich das lösende Wort!
Werdend betrachte sie nun, wie nach und nach sich die Pflanze,
Stufenweise geführt, bildet zu Blüten und Frucht.
Aus dem Samen entwickelt sie sich, sobald ihn der Erde
Stille befruchtender Schoß hold in das Leben entläßt
Und dem Reize des Lichts, des heiligen, ewig bewegten,
Gleich den zartesten Bau keimender Blätter empfiehlt.
Einfach schlief in dem Samen die Kraft; ein beginnendes Vorbild
Lag, verschlossen in sich, unter die Hülle gebeugt,
Blatt und Wurzel und Keim, nur halb geformet und farblos;
Trocken erhält so der Kern ruhiges Leben bewahrt,
Quillet strebend empor, sich milder Feuchte vertrauend,
Und erhebt sich sogleich aus der umgebenden Nacht.
Aber einfach bleibt die Gestalt, der ersten Erscheinung,
Und so bezeichnet sich auch unter den Pflanzen das Kind.
Gleich darauf ein folgender Trieb, sich erhebend, erneuere
Knoten auf Knoten getürmt, immer das erste Gebild.
Zwar nicht immer das gleiche; denn mannigfaltig erzeugt sich,
Ausgebildet, du siehsts, immer das folgende Blatt,
Ausgedehnter, gekerbter, getrennter in Spitzen und Teile,
Die verwachsen vorher ruhten im untern Organ.
Und so erreicht es zuerst die höchst bestimmte Vollendung,
Die bei manchem Geschlecht dich zum Erstaunen bewegt.
Viel gerippt und gezackt, auf mastig strotzender Fläche,
Scheinet die Fülle des Triebs frei und unendlich zu sein.
Doch hier hält die Natur, mit mächtigen Händen, die Bildung
An und lenket sie sanft in das Vollkommnere hin.
Mäßiger leitet sie nun den Saft, verengt die Gefäße,
Und gleich zeigt die Gestalt zärtere Wirkungen an.
Stille zieht sich der Trieb der strebenden Ränder zurücke,
Und die Rippe des Stiels bildet sich völliger aus.
Blattlos aber und schnell erhebt sich der zärtere Stengel,
Und ein Wundergebild zieht den Betrachtenden an.
Rings im Kreise stellet sich nun, gezählet und ohne
Zahl, das kleinere Blatt neben dem ähnlichen hin.
Um die Achse gedrängt, entscheidet der bergende Kelch sich,
Der zur höchsten Gestalt farbige Kronen entläßt.
Also prangt die Natur in hoher, voller Erscheinung,
Und sie zeiget, gereiht, Glieder an Glieder gestuft.
Immer staunst du aufs neue, sobald sich am Stengel die Blume
Über dem schlanken Gerüst wechselnder Blätter bewegt.
Aber die Herrlichkeit wird des neuen Schaffens Verkündung.
Ja, das farbige Blatt fühlet die göttliche Hand;
Und zusammen zieht es sich schnell; die zartesten Formen,
Zwiefach streben sie vor, sich zu vereinen bestimmt.
Traulich stehen sie nun, die holden Paare, beisammen,
Zahlreich ordnen sie sich um den geweihten Altar.
Hymen schwebet herbei, und herrliche Düfte, gewaltig,
Strömen süßen Geruch, alles belebend, umher.
Nun vereinzelt schwellen sogleich unzählige Keime,
Hold in den Mutterschoß schwellender Früchte gehüllt.
Und hier schließt die Natur den Ring der ewigen Kräfte;
Doch ein neuer sogleich fasset den vorigen an,
Daß die Kette sich fort durch alle Zeiten verlänge,
Und das Ganze belebt, so wie das Einzelne, sei.
Wende nun, o Geliebte, den Blick zum bunten Gewimmel,
Das verwirrend nicht mehr sich vor dem Geiste bewegt.
Jede Pflanze verkündet dir nun die ewgen Gesetze,
Jede Blume, sie spricht lauter und lauter mit dir.
Aber entzifferst du hier der Göttin heilige Lettern,
Überall siehst du sie dann, auch in verändertem Zug.
Kriechend zaudre die Raupe, der Schmetterling eile geschäftig,
Bildsam ändre der Mensch selbst die bestimmte Gestalt.
O, gedenke denn auch, wie aus dem Keim der Bekanntschaft
Nach und nach in uns holde Gewohnheit entsproß,
Freundschaft sich mit Macht aus unserm Innern enthüllte,
Und wie Amor zuletzt Blüten und Früchte gezeugt.
Denke, wie mannigfach bald die, bald jene Gestalten,
Still entfaltend, Natur unsern Gefühlen geliehn!
Freue dich auch des heutigen Tags! Die heilige Liebe
Strebt zu der höchsten Frucht gleicher Gesinnungen auf,
Gleicher Ansicht der Dinge, damit in harmonischem Anschaun
Sich verbinde das Paar, finde die höhere Welt.


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