Ricardo Herrera – Canto llano

Nos hace llegar Ricardo H. Herrera, director de Hablar de Poesía durante sus primeros 35 números, un poema en cinco partes, que compartimos.

 

        CANTO LLANO

        1. MI MADRE

Ya no tengo más lágrimas… Me dice
con sincera piedad.

Ya no tengo más lágrimas…
Repito en mi silencio también yo.

Noventa y cinco ella, usa bastón.
Y yo setenta y uno, sin retórica.

Pero con fe en el ripio,
en la magia del ripio.

Sin lágrimas los dos –ahí coincidimos–
ligados por el tallo de la vida.

Y en paz hoy, un domingo de febrero
color de benteveo, de retama,

remontando una calle florecida
del poblado serrano.

Hay orgullo en su ánimo, honra ingenua
que le inspira el terruño.

Aquí nació, duermen aquí sus padres,
el dolor y el ejemplo de la vida.

Soy hijo de esa sombra que dialoga
tiernamente en la noche con los muertos.      

Allí la reconozco, esa es mi madre;
allí y en la alegría de mirar.

Aunque miremos cosas muy distintas,
admiro su alegría de mujer.

       Ahora la dejo sola en su pasado,
       mirando antiguas fotos. Pero entonces

sucede que un amigo la saluda
y su atención se excita, se ilumina.

Cuando sonríe fulge en sus pupilas
un algo de pueril que la hace joven.

Todavía su tímida belleza
es sensible al halago del varón.

La vacuidad del mundo no la aflige;
se aferra al día, le huye a la vejez.

Concluido el paseo, me recluyo
en La Piedad catorce veinticuatro:

mi despojado claustro de verano,
mi última inversión, mi casa haiku.

 

        2. MI CASA HAIKU

De vuelta en mi escritorio hojeando libros:
proverbios y poesía de otro tiempo.

Mientras más vives,
más vergüenza soportas… 

Perentoria sentencia japonesa
que al sesgo cita Bashō

y confirma Correas en su elenco:
Vejez, mal deseado es.

Pero también registra esto otro, opuesto:
Viejo amador, invierno en flor.

La introspección alumbra manantiales
de dones estivales aún intactos:

Porque llevo en el alma fresco y verde
el dulce fruto del amor extraño.

Esto escribió Cervantes siendo anciano
en un pliego arrugado ya perdido.

Piedad sonriente y soñadora;
resignación alegre, placentera.

Mi Casa Haiku (así la he bautizado)
va cambiando mi estilo en este estío;

sólo dísticos vienen a la página,
sólo refranes rústicos y rimas,

poemas de la vida que no aspiran
a ser de antología. Hoy soy otro.

Cambio mediante, estoy ya casi a punto
de compartir las tesis de Calvino,

sus escuetas propuestas
para el actual milenio:

levedad, rapidez, exactitud…
“Basta de citas hoy”,

me advierte mi otro yo.
Y remata la frase socarrón:

“A la vejez viruelas,
Don Sabiondo”.

 

        3. CANTO LLANO

Con el favor de rústicos refranes
torno mi voz más límpida, más llana;

restituyo el espíritu en mi lengua
y lo templo con risa celestial.

Río sí, río mientras cavo el pozo
que conduce al acuífero cautivo

del idioma pretérito. Es mi lujo,
mi lujo en la pobreza, la voz, la vieja voz

del idioma que vuelve por sus fueros
en pareados desnudos. Mi placer

como el salmón sorteando la cascada.
Como el vuelo del águila, el placer.

 

        4. EL DON DE LÁGRIMAS

Y sin embargo, madre,
el llanto del reencuentro está fluyendo,

está fluyendo unido al devenir
y vierte transparencia en el presente.

Ternura vence siempre, crea belleza
y otorga el don de lágrimas.

Eso evocan los versos de Cervantes
con su ilusión de amor en la vejez.

Obra de las palabras inspiradas
‒sin resabios de oficio‒ es el poema

de la vida cumplida. Ella atesora
y lega su sustancia

al solo y fracasado, al iracundo,
al tiempo venidero.

 

        5. FINAL

Volvamos a la tierra,
fue como estar en misa con latines

el momento sublime
de la expansión del alma.

El omnia vincit amor virgiliano
me embelesó de más;

la tierra, la aspereza de la tierra,
convoca a realizar,

        a reanudar la vida cotidiana
        por la senda del medio.

        Salto de lo sublime a lo didáctico,
        que tampoco es lo mío;

no es fácil la poesía. Y sin embargo,
es tarea a cumplir.

Abre tus oídos a la luz,
abre tus ojos al silencio,

úngete con el sol de medianoche,
sigue inquieto hacedor, sigue adelante.


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