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Del primer diálogo entre Romeo y Julieta

Del primer diálogo entre Romeo y Julieta

(La fotografía es una pared de la supuesta casa de Julieta en Verona. Un invento para turistas, claro, pero las parejas dejan ahí sus nombres escritos en homenaje a los protagonistas de la trágica historia)

Se trata de una de las escenas más famosas de la literatura universal. El primer diálogo entre Romeo y Julieta. Capuleto ha organizado una fiesta en su casa. Romeo y sus amigos, aprovechando que se trata de una fiesta de disfraces, se han colado. La melancolía de amor de Romeo del principio de la obra –abstracta, dirigida a un personaje borroso, Rosalinda, de la que poco o nada sabemos– se transforma en una súbita animación cuando ve a Julieta, de lejos. (Al verla dice este verso, todo chisporroteante en sus aliteraciones: “Oh, she doth teach the torches to burn bright”/ “”Ella enseña a brillar a las antorchas”). Algo cambia, es el principio de una metamorfosis. Vemos el rapto, el juramento. Y luego el diálogo. Lo que pocos advierten es que el diálogo entre los enamorados forma un perfecto soneto isabelino. Venimos de momentos de pentámetros sin rima (blank verse) y algunos momentos de prosa –sobre todo las escenas cómicas y de registro bajo– y con el soneto llegamos a un momento de mayor estilización y extrañamiento verbal:

ROMEO
        If I profane with my unworthiest hand
        This holy shrine, the gentle sin is this:
        My lips, two blushing pilgrims ready stand
        To smooth that rough touch with a tender kiss.
JULIET
        Good pilgrim, you do wrong your hand too much,
        Which mannerly devotion shows in this;
        For saints have hands that pilgrims’ hands do touch,
        And palm to palm is holy palmer’s kiss.
ROMEO
        Have not saints lips, and holy palmers too?
JULIET
        Ay, pilgrim, lips that they must use in prayer.
ROMEO
        O then, dear saint, let lips do what hands do.
        They pray, grant thou, lest faith turn to despair.
JULIET
        Saints do not move, though grant for prayers’ sake.
ROMEO
        Then move not, while my prayer’s effect I take…

         Dice el colombiano William Ospina, poeta y traductor de los sonetos de Shakespeare:

         “Dado que es imposible que un soneto sea involuntario, creo que ello nos permite deducir que Shakespeare considera el soneto como la forma privilegiada del lenguaje amoroso, y deslizó este soneto en su obra Romeo y Julieta para sugerirlo de un modo a la vez tácito y eficaz. No es extraño, pues, que para elaborar la más personal de sus pasiones haya recurrido a este género, los 154 sonetos de amor que forman su obra más íntima y más llena de secretos.”

         El extrañamiento que produce la aparición del soneto, como forma de diálogo amoroso, construye un mundo paralelo al mundo en que se encuentran los otros personajes. Y es también como si el amor hablara otro idioma, algo parecido a lo que ocurre en La Montaña Mágica, de Thomas Mann, cuando Kastorp le habla por primera vez a Madame Chauchat, y la novela cambia de idioma, pasa literalmente del alemán al francés durante páginas, mientras dura esa conversación. Pero, además, el soneto mismo es el acto amoroso, un entrelazamiento de los amantes, implicados en la forma del poema. Hay una rima que los dos comparten en el primer y segundo cuarteto (this y kiss). Luego, en el tercer cuarteto, que se reparten Romeo y Julieta, la rima que propone un personaje es recuperada por el otro. Y los dos versos finales, pareados, anticipan el inmediato beso.

         El soneto incrustado en la pieza de Shakespeare funciona como piedra de toque para comprender las posibilidades que se abren en la traducción de un drama poético. ¿Cómo reproducir ese extrañamiento tan singular? Traducir respetando la forma del soneto es extremadamente difícil, si lo que se busca es lograr un poema que tenga fuerza.

         A continuación ofrecemos cuatro versiones del pasaje en cuestión. La prosa clara de Astrana Marín; la versificada de Neruda, que se desentiende del soneto pero recupera la dimensión lírica del diálogo; la de William Ospina, que se arriesga a recrear el soneto en versos alejandrinos y la de Luis Pujante, que recrea el soneto en endecasílabos.

VERSIÓN DE LUIS ASTRANA MARÍN

ROMEO
        Si con mi mano, por demás indigna, profano este santo relicario, he aquí la gentil expiación: mis labios, como dos ruborosos peregrinos, están prontos a suavizar con un tierno beso tan rudo contacto. 
JULIETA
        Buen peregrino, injusto hasta el exceso sois con vuestra mano, que en esto solo muestra respetuosa devoción; pues los santos tienen manos a las que tocan las manos de los peregrinos, y enlazar palma con palma es el ósculo de los piadosos palmeros. 
ROMEO
        ¿Y no tienen labios los santos, y labios también los piadosos palmeros?[1] 
JULIETA
        Sí, peregrino, labios que deben usar en la oración. 
ROMEO
        ¡Oh! Entonces, santa adorada, deja que hagan los labios lo que las manos hacen. ¡Ellos te rezan, accede tú para que la fe no se cambie en desesperación! 
JULIETA
        Los santos no se mueven, aunque accedan a las plegarias. 
ROMEO
        Pues no os mováis, mientras recojo el fruto de mis preces.

VERSIÓN DE PABLO NERUDA

ROMEO
        Si yo profano con mi mano indigna
        este santuario, mi castigo es éste:
        ¡mis labios peregrinos se disponen
        a borrar el contacto con un beso! 
JULIETA
        ¡Injusto con tu mano, peregrino,
        eres, porque ella se mostró devota!
        No olvides que los santos tienen manos
        y que se tocan una mano y otra
        y palma a palma en el sagrado beso
        de los romeros en la romería. 
ROMEO
        ¿No tienen labios, santos y romeros? 
JULIETA
        ¡Sólo para rezar, ay, peregrino! 
ROMEO
        ¡Entonces, dulce santa, que los labios
        hagan también lo que las manos hacen!
        ¡Ellos ruegan, concédeles la gracia
        y así no desesperen de su fe! 
JULIETA
        ¡Los santos no se mueven, aunque otorguen! 
ROMEO
        ¡Entonces no te muevas, que mis ruegos
        van a obtener la gracia que esperaban!

VERSIÓN DE WILLIAM OSPINA

ROMEO
        Si con mi mano indigna profano este sagrado
        Santuario, es un pecado de mi amor, y por eso
        Mis labios, peregrinos en rubor, he acercado
        Para expiar ese roce con el más tierno beso. 
JULIETA
        Buen peregrino, agravias a tu mano inocente
        Que en su devoción muestra sus afectos sinceros,
        Los santos tienen manos que toca el penitente
        Y uniendo palma a palma se besan los palmeros. 
ROMEO
        Dime, ¿y no tienen ellos unos labios humanos?
JULIETA
        Sí, peregrino, labios para rezar, quien quiere.
ROMEO
        Deja que hagan los labios lo mismo que las manos,
        Para que así la fe no tiemble y desespere.
JULIETA
        Los santos no se mueven, aunque accedan al juego. 
ROMEO
        Deja, pues, que recoja los frutos de mi ruego.

  

VERSIÓN DE ÁNGEL LUIS PUJANTE

ROMEO 
        Si con mi mano indigna he profanado 
        tu santa efigie, sólo peco en eso: 
        mi boca, peregrino avergonzado, 
        suavizará el contacto con un beso. 
JULIETA 
        Buen peregrino, no reproches tanto 
        a tu mano un fervor tan verdadero: 
        si juntan manos peregrino y santo, 
        palma con palma es beso de palmero. 

ROMEO 
        ¿Ni santos ni palmeros tienen boca? 

JULIETA 
        Sí, peregrino: para la oración. 
ROMEO 
        Entonces, santa, mi oración te invoca: 
        suplico un beso por mi salvación. 
JULIETA 
        Los santos están quietos cuando acceden. 
ROMEO 
        Pues, quieta, y tomaré lo que conceden… 

[1] Lo de “piadosos palmeros” es una forma de designar a quienes peregrinaban a Tierra Santa, que llevaban una palma bordada como distintivo.


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