Emily Dickinson: Los espacios habitados

Poema de Emily Dickinson y texto de Helen Vendler[1] en traducción de Eleonora González Capria

 

LXIX

No hay que ser una Alcoba — para estar Embrujada
No hay que ser una Casa —
Los Pasadizos del Cerebro — exceden
El Lugar Material —

Más seguro, en reunión de medianoche
el Fantasma externo
Que su interior Haciendo Frente —
a ese Huésped más gélido —

Más seguro, cruzando al galope una Abadía,
las Losas al acecho —
Que encontrarse sin armas a una misma —
En un Lugar desierto

Una misma detrás de una, escondida —
Debiera darnos menos sobresalto —
El asesino oculto en nuestra Sala
No Horrorizarnos tanto —

El Cuerpo toma un Revólver prestado
Echa el Cerrojo —
Sin notar a un espectro superior —
O a Otros —

 

        LXIX

        One need not be a Chamber – to be Haunted –
        One need not be a House –
        The Brain has Corridors – surpassing
        Material Place –

        Far safer, of a midnight meeting
        External Ghost
        Than its interior Confronting –
        That cooler Host.

        Far safer, through an Abbey gallop,
        The Stones a’chase –
        Than unarmed, one’s a’self encounter –
        In lonesome Place –

        Ourself behind ourself, concealed –
        Should startle most –
        Assassin hid in our Apartment
        Be Horror’s least.

        The Body – borrows a Revolver –
        He bolts the Door –
        O’erlooking a superior spectre –
        Or More –

 

        Este poema –sobre los verdaderos espectros que habitan la mente, tan distintos de los fantasmas pintorescos de cuento que habitan las casas– propone un juego diseñado para inquietar al lector. Tiene cinco estrofas y cada una de ellas tiende a caer en una comparación entre el “Lugar Material” y los espacios de la mente. Una vez que queda establecida la comparación, esperamos encontrar los términos restantes en el mismo orden.

        Voy a llamar “A” al “mundo exterior” del Lugar Material y “B” al “mundo interior” de la mente y a rastrear los patrones que Dickinson esboza (en grupos de dos versos) a lo largo del poema. A la izquierda, están las imágenes de los versos 1 y 2 de cada estrofa; a la derecha, las imágenes de los versos 3 y 4. Como se ve, por lo general Dickinson menciona primero el mundo exterior, A precede a B:

 

 

Exterior

Interior

1: A, B

Alcoba/Casa

Cerebro/Pasadizos

2: A, B

Fantasma Externo

[Huésped interno]

3: A, B

Losas/Abadía

Una misma

4: B, A

[Asesino en la Sala]

[Una misma escondida]

5: A, B

Cuerpo/Revólver/Cerrojo

espectro superior (o a Otros)

 

        Pero notamos que en la estrofa 4 se invierte el patrón: en vez de encontrar primero el Lugar Material y después la mente, encontramos antes al espectro mental: “Una misma detrás de una, escondida”. Esta frase ingeniosa “rectifica” las representaciones previas de estilo gótico: el ser acechado por las Losas en un lugar desierto (una Abadía en ruinas). Lo que aquí se muestra es un pathos pintoresco: el Lugar está “desierto” y una “sin armas”. La poeta interviene para repudiar ese pathos con una verdad moralizadora: “Una misma detrás de una, escondida — / Debiera darnos menos sobresalto”. “Sobresalto” es una palabra “fría”, si la comparamos con “desierto”, y la idea de esconderse detrás de una misma un concepto más “metafísico” que gótico. Un quiasmo une las estrofas 3 y 4 en la inversión crucial de A y B: Lugar, Ser, Ser, Lugar. La presencia del quiasmo siempre presagia la reflexión consciente, que aquí hace del ser interior el eje sobre el cual girará el poema. En la estrofa 4, Dickinson rima “sobresalto” con “tanto” para indicar que es el peor Horror del ser y que no debe temérsele “tanto” al teatral asesino gótico que se oculta tras la puerta. Antes Dickinson también había rimado otros dos versos: “el Fantasma externo” y “a ese Huésped más gélido”, donde “Host” (huésped) remite también a la hueste de “espectros superiores” que nos amenaza en el último verso del poema.

        El poema comienza con un “no hay que” impersonal, pero desde el inicio su sentido (con la “Alcoba” gótica seguida por la “Casa” menos gótica que la rectifica) tiende hacia lo personal, cuando la poeta comienza a especular sobre el terror interno, en los laberínticos “Pasadizos” de un “Cerebro” completamente anatómico. Poco después, la referencia personal continúa con “Una misma detrás de una” y el ser se divide en dos, uno de las cuales se esconde, aguardando para espantar al otro. Dickinson parece estar a punto de recuperar el viejo dualismo de cuerpo y alma cuando “El Cuerpo” toma precauciones para combatir a los invasores, pasando por alto al “espectro superior”, su Alma. Sin embargo, Dickinson opina que es un error suponer que hay un único espectro amenazador a la espera. Tal vez aluda a los siete demonios expulsados de María Magdalena (Marcos 5:8-13), o al cerdo de los gadarenos, con los “otros dos mil” demonios que los llevaron a la muerte (Marcos 5:8-13), cuando nos advierte que es posible que haya “Otros” —una hueste de espectros— esperando para atormentar al pobre Cerebro embrujado. Al fin y al cabo, cuando Jesús le preguntó al “espíritu inmundo” por su nombre, este respondió: “Legión me llamo; porque somos muchos”.

        Aunque el poema esté escrito en estrofas de 4-2-4-2 versos, Dickinson se permite dos excepciones llamativas, en los espacios más importantes del cualquier poema: el comienzo y el final. El poema empieza con un alejandrino declarativo y temático: “No hay que ser una Alcoba — para estar Embrujada”, al que le sigue un heptasílabo que reemplaza “Alcoba” por “Casa”; y cierra con un trisílabo[2], que deja un espacio en blanco en el verso para los “Otros” espectros que acechan. No se puede detener a los espectros que vagan por los pasadizos de la mente con revólveres o cerrojos: estamos indefensos antes a sus temibles invasiones y “Otros” pueden invadir nuestra Casa en cualquier momento.  

 

[1] N. de la T.: Tomado de Vendler, Helen. Dickinson. Selected poems and commentaries, Harvard University Press, 2010.

[2] N. de la T.: En inglés son, respectivamente, versos de cinco pies, tres pies y un pie.


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